En donde esta mama...

En donde esta mama...
Dame un punto de apoyo y moveré el mundo.

jueves, 4 de julio de 2013

LA PERVERSA ROMA . Entradas para comparar las profesiones del imperio con las actuales.

LA PERVERSA ROMA.

 Fiestas Florales.

 La defloracion

LAS FIESTAS FLORALES

Como anteriormente hemos dicho, las ideas y las costumbres cruzan las fronteras sin pasaporte...
De esa manera Roma con su reducido Lacio comenzó a adaptarse a las costumbres y formas de sus inmediatos vecinos y luego al extender sus fronteras, las legiones que regresaron a su patria trajeron una policromática mezcla de costumbres que parecían chocar con la primitiva y rígida moral sabina de los romanos.
Lo que hoy nos parece escandaloso, mañana esto mismo aparece como lo más natural... y precisamente esto ocurrió por estrecho contacto con los inmediatos vecinos —y en cierta manera maestros— los etruscos...
Fue este pueblo el verdadero Maestro de los romanos que transmitió a los latinos las ceremonias de las nupcias, entremezclados con una picaresca caterva de dioses que desde luego de ninguna manera podían faltar en los más diferentes actos y acontecimientos humanos...
En las ceremonias nupciales —la in domum deductio— cuando el novio llevaba a su mujer a la casa, casi siempre en las horas vespertinas, cuando el sol dejaba detrás la oscuridad de la noche, la marcha de la pareja era conducida por cinco niños, cada uno de ellos con una antorcha mantenida bien alta.
Fueron las cinco antorchas el símbolo de los penteteoses, de los cinco dioses que asistieron en esta tan importante reunión de dos diferentes sexos... Para este acto le dio su bendición el Padre Auxiliador Jú-piter. No podía faltar allí tampoco la diosa Juno, la patrona de los desposados. Unas nupcias sin amor no habrían tenido sentido; estaba entonces también la diosa del Amor, Venus, y también la Virgen Diana, para advertir a la todavía púdica novia que ahora ya ha llegado el momento de perder, lo que ella hasta ahora tan celosamente guardaba, su honor...
Y para eliminar, si había alguna vacilación de parte de la mujer, entonces apareció el quinto dios, el Pitho, para persuadir la novia que lo que está por perder, en realidad será su victoria.
Durante la marcha la gente congregada cantaba «Carminas phalicas», llamadas «Fescennias», unos versos rústicos y obscenos que tenían la finalidad de invocar el dios Libido, despertando en los recién desposados unos pensamientos «dulces» para los venideros momentos. Lo llamativo en este acto era que estos versos picarescos y obscenos fueron cantados por los niños portadores de las antorchas.
Esta costumbre, tomada de los vecinos etruscos, se propagó luego entre los griegos y cretenses, los cuales cantaban estos versos «Fescennios» en honor de los dioses «Itiphallicos», cuyas imágenes fueron simbolizadas por medio de una gigantesca imagen de un Phallos que en la ciudad de Lanuvio —cerca de Roma— ha sido llevado sobre los hombros de las señoras Matronas más honestas en una procesión. La imagen del Phallos (penis) esta vez ha sido cubierta de flores primaverales; por ello estas procesiones eran conocidas con el nombre de Fiestas florales.
Después de la marcha nupcial hacia a la casa del desposado, la Pronuba preparaba la cama nupcial al «lectum genitalis» y ni siquiera en este último acto faltaba el no solicitado «auxilio» de los dioses. El irascible obispo de Hippona, Augustin, con su ironía siempre agria eleva su protesta contra los dioses, diciendo: «¿por qué razón vienen de nuevo para molestar a esa gente? Más vale que los dejen en paz para que puedan cumplir el misterio de la carne».
Así que están de nuevo unos otros tres dioses: el dios Subigo que le ayuda al marido poner a su mujer en la cama; la diosa Prema que junto con la Virgen se desata la faja que ciñe la túnica recta de la desposada, y en el acto aparece el dios Priapo con su enorme phallos. Ahora todos ellos, el dios Subigo y el Pito, de nuevo persuaden a ella que no vacile ya tanto y se rinda al esposo...
Y si había algún problema, Priapos estaba para auxiliar al esposo flojo. No lo reemplazará. «Sálganse ya todos estos dioses y haga también algo ya el marido» protesta el obispo.
¿Y sabrá hacer este «algo»? No es muy seguro, pues frecuentemente ocurría en la antigua Roma que la joven esposa, después que abrir sus trenzas, señalando de esa manera que ella estaba dispuesta ya a perder, lo que no quería conservar más, si el marido no contaba con el indispensable vigor, entonces en vez de hacer el amor, la pobre mujer tenía que sentar sobre el «phallos in erectione» del dios Priapos, tallado de madera, sicut mos honestissimum Matronarum, esto lo prescribía la costumbre religiosa de las honestisimas matronas romanas.
Después de semejante «defloración religiosa» ella podía unirse con su marido, si lo podía...
En estos lejanos tiempos había una caterva de mujeres ya más que adiestradas que le enseñaron al marido inexperto, lo que debiera saber. «La experimentada Lycenias, deslizando ella con destreza abajo, debajo de él, le enseño el camino que el bobo en vano buscaba... Una vez el arriba, no fue preciso instruirlo, porque la diosa Pertunda le enseñaba al marido como tendría que atravesar y penetrar en la felicidad...»
Cierta composición o combinación de consonantes y vocales nunca debieran ser calificadas como palabras «feas»; por ello esta «fuerza creadora divina», cuyo símbolo es el griego «Phallos» o el «Penis» latino, y el miembro viril en castellano es un símbolo sagrado, porque representaba el único medio humano que puede cooperar con el principio de la creación divina...
Precisamente la esencia de esta coparticipación de los más excelsos misterios de la vida aseguraba a la liturgia y al culto de Phallos la absoluta santidad (sancio, sancire) con la correspondiente seriedad.
Por esta razón nadie, absolutamente nadie se escandalizaba en estos lejanos tiempos ante las numerosas imágenes de Dios, sea Priapos o Subigo — presentados en forma de un Phallos in erectione...
Tertuliano comenta que en los ritos eleusinos la revelación del misterio de la divinidad se realizaba en un acto ceremonioso que consistía en la ostentación pública de un phallos in erectione.
Todo esta veneración de la fuerza creadora ha llegado a la Hélade y luego a la península itálica desde el misterioso y lejano oriente... En las fiestas phallicas en Pamphilia los sacerdotes de la Divinidad Creadora presentaban ante el público congregado un cuadro que ostentaba un «Tri-phallos» que los fieles llevaron luego en alto en una procesión. Este cuadro del «Tri-phallos» representaba la Trito-Genia, el principio de la Divinidad Creadora que se multiplicaba por medio de la «Fuerza creadora».
Pausanias, el antiguo autor griego, nos dice que en Cyllene la imagen del dios Hermes es la más devotamente venerada, es un miembro viril erecto sobre un pedestal. En Egipto Horus, el hijo de Osiris, al vencer su tío Typhon, el dios del Mal, llevaba en sus manos altas el botín de su victoria: el phallos del Set, de Tiühon.
Lukianos, el antiguo autor griego, nos dice que en Siria la fuerza creadora divina es simbolizada por torres... En el vestíbulo de una iglesia hay dos enormes phallos con esta inscripción: «Yo, Bacchus, he erigido estos dos phallos en honor de mi madrastra, la diosa Hera» En el muro del templo a la derecha hay un hombrecillo de bronce con un enorme phallos.
Fuera del templo los sirios construyeron una torre muy alta de unos 55 metros como símbolo del phallos que hoy lo llaman minarete. El sacerdote del turno sube a esta torre dos veces por año. El ascenso se realiza de este modo: pasa una cadena de hierro alrededor de este símbolo de phallos, y también de su propio cuerpo y sube después lentamente por unos tacos de madera que salen de esta torre de phallos gigante, lo suficiente para que el sacerdote pueda apoyar la punta de los pies en ella. Según que se va elevando, sube consigo también la cadena de hierro aun delgada; quien no haya visto esto, seguramente habrá visto ya subir a la gente a las palmeras de Arabia o en Egipto, cuando cosechan las frutas de coco o datteln... Cuando el sacerdote llega al termino de su ascenso, al borde de la glándula de este miembro viril gigante, le tira una otra larga cadena que arrastraba consigo y con el auxilio de esta cadena hace subir lo que quiere: vestigios, alimentos, utensilios. Forma con estos una especie de nido y permanece allí durante siete días. Los fieles llegan allí con oro y plata, porque el verdadero Dios que adoran todos hasta hoy en día, es el dios Mamon, conocido con el nombre de «dinero». Los fieles depositan sus ofrendas y dicen a un sacerdote al pie de la torre sus nombres. Este sacerdote seguidamente hace sonar su campanilla de bronce y transmite el nombre del creyente hacia arriba a su colega. Este no duerme arriba, pues si se rinde al sueño, dícese que sube un escorpión y lo despierta con un doloroso pinchazo; pero a mi me parece que el sacerdote arriba no duerme por el terror de caerse...
El templo mira al Sol saliente y está abierto para todo el mundo. En su interior tiene otro santuario que es reservado solamente a los sacerdotes. En el templo consagrado al dios Belus, en su parte superior hay una capilla y dentro de ella una gran cama magníficamente arreglada y una mesita de oro. No se ve allí estatua alguna y nadie puede quedarse allí por una noche, excepto una sola mujer escogida entre miles que recibe el título «La hija del país».
Dicen estos sacerdotes de los caldeos que por la noche llega el Dios personalmente y duerme con esta Hija escogida hasta la llegada del Alba, cuando el sol aparece en el horizonte, cubierto de su vestido escarlata... Del mismo modo sucede semejante ceremonia en Egipto en la ciudad de Tebas, donde duerme una mujer joven y linda en la cama de Osiris... En ambas partes aseguran los sacerdotes que aquellas mujeres siguen siendo intocables por los seres humanos. Igualmente lo mismo sucede en el templo de Patara en Lycia, donde la sacerdotisa reside en este mismo oráculo y por la noche queda encerrada para unirse sólo con su Dios...
Lo que era moda en el oriente cruzó las fronteras y sus ceremonias asentaron sus reales en el occidente.
En Grecia construyeron en honor del Numen Phallos un gran número de hombrecillos de madera con un sobredimensionado gran phallos, llamándoles «Neuropastos».
En Italia comenzaron a venerar las partes pudendas del hombre (phallos) no en un lugar secreto, se escandalizó Tertuliano, sino en público a la vista de todos, conduciendo la imagen del phallos en los días más solemnes, puesto en un carro o andas, llevado primero por los campos y luego por la ciudad. Gastaban un mes entero en hacer fiestas en honor de Phallos y en tales días usaban sin sonrojarse expresiones obscenas entre tanto que duraba la procesión por las plazas y calles de la ciudad. Al terminar la procesión, colocaron la imagen en un lugar público y una matrona muy honesta de la ciudad tenía el privilegio de colocar sobre esta imagen de la fuerza creadora una corona de flores.
Quizás el lector nos pregunta, pero ¿por qué razón semejante fiesta de carácter tan obsceno podía tener la «Nihil obstat» de la religión? Por una causa irrefutable, pues la gente de la antigüedad tenía como concepto profundamente religioso que el phallos, el pene, era el verdadero y real portador de la vida, pues el semen del hombre, del varón, millones de veces repetido, por causa de su movimiento inmanente demostraba que vive, y era él el portador de la vida y al despertar un huevo dormido, los dos juntos cumplieron con el postulado de la misteriosa naturaleza, produjeron un ser nuevo...
De esa manera las fiestas florales tenían un carácter estrictamente religioso. Algunos pueblos —como los etruscos— transmitieron esta veneración hacia la Fuerza Creadora por medio de la construcción de sus santuarios en forma de torres muy altas que se terminaron en la forma de una cabeza de una cebolla. Templos con una fiel imagen de los antiguos cultos phalicos fueron imitados por los Árabes en Paetria, y a esta forma de construcción —como un legado sagrado del Pasado— se puede contemplar todavía en los templos, iglesias y santuarios de las religiones del Presente.
Diodoro nos comenta que los griegos veneraron al «Phallos anthropo-morphisado» en la persona de Prapos, cuya imagen presentaron siempre por medio de un phallos grande y siempre «in erectione». Los muy eclécticos romanos, fieles imitantes de las costumbres griegas, veneraron a Priapos en la misma forma y manera, hasta tenían la costumbre de colocar su imagen en sus jardines, ostentando de esa manera la fecundidad de la casa que ocupaba su numerosa familia.
Este portador y fiel imagen de la vida, de la Fuerza Creadora, fue también objeto de cultos místicos, por medio de los cuales los dioses se humanizaron, manteniendo con las mujeres una comunicación lo más intima: en la religión de los antiguos Grecorromanas, en su parte ontológica existía la firme convicción de que entre los dioses y los humanos mayormente no hay diferencia alguna, porque ambos tienen un origen común; afirmaron pues que los hombres inventaron a los dioses, para que éstos se apresten luego legalizar el origen divino de los hombres.
Desde luego no faltaban otros que sostuvieron que en realidad fueron los dioses que crearon a los hombres para poder contar siempre con atemorizados y obedientes sirvientes, y también para sus sacerdotes...
Los egipcios inventaron para los dioses la paternidad, pues ellos estaban firmemente convencidos que el Dios a veces se transforma y toma la imagen de un ser humano para crear de esa manera unos hijos del Dios... El Dios de los egipcios se reencarnaba en un ser humano y lo hizo este misterio por medio de su Fuerza Creadora que los egipcios —según los testimonios de Plutarco— lo llamaron en griego «Hagia Pneu». Espíritu Santo...
Apolo, el Dios griego, uno de los dioses más apuesto, estaba casi siempre vagando entre los humanos en busca de bellas mujeres... De esa manera uno de los hijos de origen divino era Pythagoras, pero también el sabio Platón tenía origen divino y unos siglos después Alejandro el Grande y también el emperador Octavio Augusto.
En estos antiguos tiempos la comunicación entre los dioses y los humanos era más que frecuente y en las épocas antiguas la credibilidad absoluta sentó sus reales, y lo absurdo se vestía con la toga de la verdad... Bastará meditar algo acerca de la tragicómica historia de Paulina, del dios Anubis, para entender que el Credo es enemigo mortal de la duda y viceversa.
Pero los cultos phallicos sobrevivieron todas las inclemencias de los rosarios de siglos y desde Roma se propagaron como los hongos después de una benigna lluvia matutina...
Apareció entre los paleocristianos la «charitas sexual», comentado por Epifanio, el obispo de Constancia. Este tuvo sus excesos también entre los gnósticos y manicheos, los karpocratians, los nicolaides, los ebionicos... Y para que no olviden a priapos, los hispanos, al sentirse algo disgustados, lo recuerdan con la pronunciación de la palabra «carajo» y los italianos en semejante situación le dicen «cazzo»...
Ni falta en nuestro presente. En el Japón se cultivan con la absoluta protección de la religión; los sacerdotes de Shinto festejan este culto cuatro veces por año en la ciudad de Komaki — junto con las mujeres. Semejante culto estaba y esta muy de moda en Italia, Francia y en la España oculta... Brasil simplemente copió lo experimentado en Europa. Ellos suelen llevar la imagen de esta fuerza creadora de la vida a la necrópolis. La vida visita al imperio de la muerte... Y ¿por qué no? ¿Y si son hermanos mellizos?
El culto phallico, en que la gente veneraba la Fuerza Divina de la creación, el símbolo de la fecundidad, durante largos tiempos, muy especialmente durante la edad media, antes oscura que clara, logró penetrar también en algunos ritos del cristianismo, acerca de lo cual nos informan con lujo de detalles los autores ingleses Richard Payne Knight y Thomas Wright, argumentando entre otros tantos con la Crux Ansata que hallaron arqueólogos en San Agati di Doti cerca de Napoli.
Los cultos phalicos abrieron el camino para una santa licenciosidad... Herodotos —escandalizado— nos comenta que entre los babilonios es la cosa más natural que todas las mujeres de este país deben prostituirse por lo menos una vez en su vida con algún forastero y para no perder la santidad de semejante acto, tuvieron que hacer esto en el templo de Aphrodite, la diosa del amor, llamada allí Melitta.
El cumplimiento de este acto hierático se desarrolla según la opulencia que la mujer tiene. La gente de bien llega allí, a ese templo con carroza; orgulloso por su opulencia, desdeñan de mezclarse en la turba de los demás; así que quedan en la cercanía del templo, rodeados de su comitiva. Las pobres entran al santuario del amor y se sientan, adornándose con una corona de flores.
Todas sí entran en largas filas y pasan entre ellas los forasteros que eligen a la mujer de su gusto. Ninguna mujer puede negarse a quien la elige; su deber sagrado es para seguir y recibir el dinero que su hombre le tira a su regazo con las palabras «Invoco en favor tuyo muchacha, la diosa Melitta».
No es lícito rehusar el dinero, sea mucho o poco, porque éste se considera como una ofrenda sagrada. Después de haber cumplido con lo que debía a la diosa Melitta, puede regresar a su casa. Desde este momento ya es imposible conquistarla otra vez por medio de dones o dinero.
Las mujeres hermosas se arreglan enseguida, las lindas también dentro de unas semanas, pero las feas tienen que esperar hasta que algunos las compadezcan y las lleven. Pero según los informes de Herodotos, algunas visitan esta iglesia diariamente durante tres o cuatro largos años...
Ya hemos dicho anteriormente que las costumbres y las creencias son como una peste y se propagan con la velocidad de los huracanes. Primero en Babilonia, muy pronto la fe y el culto de Melitta se hizo muy en boga en la isla de Chipre y de allí —cruzando las aguas del Mare Magnum— apareció en Grecia, y como veremos más adelante, las damas de la sociedad romana se prostituyeron en los Balnearios de Baias... Hay que seguir con la moda...
A las mujeres, al ver tanto y frecuentemente esta tan interesante «fuerza creadora», les llegó también la gana de mostrar lo que por causa de tan tacaña naturaleza no tenían; pero sí, por lo menos podían mostrar que todavía era más agradable... Entonces descubrieron el secreto como vestirse por medio de unas telas transparentes, llamadas seda que trajeron las karawanes fenicios desde la lejana China.

No hay comentarios: