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viernes, 9 de agosto de 2013

¿Qué quiere una mujer? | El Heraldo



¿Qué quiere una mujer? | El Heraldo




¿Qué quiere una mujer?
Shutterstock




Freud se hizo siempre esta pregunta y sus respuestas no fueron de muy buen recibo, como muchas. Porque más allá de contestar con afirmaciones esperadas, se adentra en una investigación sobre cómo es concebida la mujer en la cultura, lo que se dice o espera de ella que, además, tiene todo que ver con los efectos sobre su propia vida.

Si revisamos la historia, la literatura, la mitología, la religión, la filosofía, en fin, lo que nos habla de nosotros y cómo pensamos, encontramos que la mujer está presente aún estando ausente. Una figuración casi siempre sospechosa del origen de muchos males, empezando por Eva a quien se la acusa de ser la causante de la caída de Adán, a Pandora que, por curiosa, abre una caja que nos legó todos los desastres, a Helena, cuya belleza generó una de las guerras más sonadas de la humanidad. Tampoco podemos olvidar que en el Medioevo, muchas consideradas brujas terminaron en la hoguera según criterios que a los ojos de hoy no ameritaban tanto encono.

Y no tenemos que ir tan lejos, tan cercana está la fecha en la que ella pudo hacer uso del voto, y hoy, en la que muchas son mutiladas para impedirles el placer sexual o se mantienen costumbres en las que es necesario que se cubran, como si dejar ver el cuerpo que les destinó la naturaleza ya fuera un motivo de transgresión.

Si, al parecer la mujer en la cultura es concebida como transgresora, y de pronto lo es, miles no pueden equivocarse, aunque sí, más de miles afirmaron que la tierra era el centro del universo y se equivocaron por mucho tiempo. Pero concedamos que hay algo que lleva al otro, en este caso al otro sexo, a no sentirse tan seguro frente a ese espécimen que al mismo tiempo es su mayor objeto de atracción. Y si seguimos a Freud en una de sus respuestas que afirmaba: “La mujer no tiene límites”, nos podríamos preguntar, ¿será esto lo que los angustia?

Es posible que como cualquier hombre se hiciera esta pregunta y su respuesta no hay que tomarla en forma peyorativa. Simplemente él se aventura a pensar que esa condición femenina, sensible, expresiva, a veces desbordante, para ella natural pero para ellos exuberante o desmesurada en el placer y en el dolor, es tan diferente, que se torna, no sólo imposible de entender sino amenazante. Tal vez eso nos explicaría el porqué de esa insistencia mantenida por siglos en que no piense, no hable, no opine, no vote, algo así como: calladita se ve más bonita.

Situación que en algunos lugares ha ido variando pero en muchos permanece, porque lo ancestral se toma su tiempo y siendo asunto de eso que nos hace ser hombres o mujeres, no es tan sencillo, razón también de las dificultades actuales que ya tienen nombre propio: feminicidio. Claro que si tomamos este término sólo en su acepción de violencia de género nos quedamos cortos, porque un hombre no mata o agrede a una mujer por ser mujer, si fuera así lo haría con cualquiera que se tropezara. No es eso, es que está asociado a su propio erotismo y su deseo, por lo cual el poder y el control que siente amenazados desde dentro de él mismo, terminan siendo reflejados en ella. Cómo no, si es, y hasta sin querer, quien lo suscita.

El problema es complejo, como lo somos hombres y mujeres y la dificultad de esa relación de dos que por ser tan distintos pueden atraerse, y que la incógnita que ella representa lleva en ocasiones a acciones tan brutales que cercenan, para infortunio de ambos, no sólo el vínculo, también a ella.GC

Por Isabel Prado Misas
Correo: isaprami@hotmail.com

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