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domingo, 14 de diciembre de 2014

El Ciudadano » Turismo sexual ¿Una opción válida para mujeres?

El Ciudadano » Turismo sexual ¿Una opción válida para mujeres?Sexualidad y género

Turismo sexual ¿Una opción válida para mujeres?

ANGELA BARRAZA RISSO· HOY 15:12

Hace algún tiempo una amiga bastante mayor se separó de su pareja (con quien llevaban más o menos 14 años y tenían una hija) porque él se enamoró de otra. Fue un proceso muy doloroso para ella, que le costó más de un año superar medianamente. Luego de eso, comenzó a salir para tener relaciones furtivas con otras personas, a ver si podía rehacer su vida, pero no cuajó nada como ella esperaba, razón por la que decidió tomar un crucero y llegar hasta Cuba, pasando por otros lugares de Centroamérica y el Caribe (vale decir que la realidad de mi amiga está muy por sobre de la mía en materia económica). El asunto es que se dio cuenta de que habían varias “mujeres mayores” solas que de pronto parecían llamar la atención de jóvenes caribeños, como si fueran las mujeres más hermosas del planeta (que, ciertamente no lo eran bajo los cánones de belleza de occidente.) A su vuelta me comentó que estas mujeres hacían ostentación directa del dinero que llevaban consigo y que “invitaban” a estos jóvenes a comer, a bailar y a dormir. A veces incluso eran más de uno.

A pesar de que mi amiga no lió con ninguno, porque conoció a un francés en el barco que le pareció una delicia, de todas formas preguntó por lo que estaba pasando y se encontró con que esas señoras estaban haciendo “turismo de romance” (era la primera vez que escuché sobre el tema) y que los jóvenes se acercaban a ellas a cambio de regalos, invitaciones a comer y de dinero.

Es una forma de prostitución, claro está, sin embargo, había mujeres que visitaban regularmente a ciertos hombres durante mucho tiempo, estableciendo verdaderas relaciones que las confundían mucho ya que, a la larga, crean una falsa ilusión de romance verdadero y terminan por sentirse utilizadas, cuando en realidad eran ellas las que partían en la búsqueda de una experiencia amatoria que se origina en un contrato tácito de sexo a cambio de obsequios o dinero.

El tema me pareció interesante, pero desde Chile, algo difícil de abordar.

Obviamente me cuestiono la opción de acceder o no a un “servicio” que, históricamente le pertenece a los hombres. Creo que, al menos en mi imaginario, es más sencillo situarse desde el rol de la prostituta al de “putera” y, ciertamente encuentro más valor al establecimiento de relaciones que implican un afecto basado en un interés hacia mí, como persona, que como proveedora y es algo que aun no experimento y que dejé de cuestionar porque no volví a encontrar el tema, hasta hoy que, navegando en la web, me encontré con el siguiente artículo, que además tiene un apoyo fotográfico muy interesante:



Turismo sexual para mujeres en Kenia

En 2009, Sofie Amalie Klougart viajó a Mombasa, Kenia, con la organización sin ánimo de lucro ActionAid. Su trabajo consistía en documentar los numerosos esfuerzos realizados por ActionAid para aliviar la pobreza en el país. Fascinada por Kenia, Klougart pasó algunos fines de semana viajando por el país en busca de historias.



Durante su visita a las hermosas y numerosas playas del país, a Ama le llamó la atención el ver muchas mujeres mayores europeas de juerga con jóvenes kenianos. Cuando se interesó y preguntó a una de las mujeres, se encontró con que estaba siendo testigo de lo que muchos llaman “turismo sexual” – hombres y mujeres solitarios que viajan a países empobrecidos en busca de compañía, dónde los nacionales de esos países a cambio de regalos, comidas gratis, y a veces, dinero contante y sonante, satisfacen los deseos sexuales de los ricos occidentales.

Klougart comenzó a documentar las circunstancias de las muchas mujeres que conoció en las playas de Kenia que la introdujeron en el mundo a veces inquietante de las mujeres que van a hacer exactamente lo que quieren y nada más.

Klougart compartió una serie de fotos que son las que puedes ver aquí, pero usted puede ver el resto en su sitio Web. .




1. Klougart conoció el turismo sexual, llamado a veces eufemísticamente “turismo de romance”, mientras caminaba a lo largo de las playas de Mombasa, Kenia. Allí vio mujeres blancas, de edad avanzada, sin pareja, rodeadas de jóvenes kenianos. “Fue muy fácil de detectar”.



2. Los hoteles en Mombasa estaban llenos de viajeros europeos, tanto hombres como mujeres, que viajaban solos. Todo el mundo en los hoteles, desde los recepcionistas hasta el personal de servicio, estaban al tanto de las relaciones entre los clientes y la gente del lugar, según dijo Klougart.



3. Klougart conoció a su primera confidente, Louise, en la playa. Ella le dijo a Louise que estaba haciendo una historia sobre el amor. Louise se rió y dijo, “¡Amor! Eso aquí no existe!” Louise tenía una relación con dos hombres kenianos y ayudó a Klougart a contactar con muchas de las mujeres de la zona.



4. Louise comenzó a vivir en Kenia en 1997, cuando se fue a trabajar como guía turístico. Debido a su profesión como guía turístico, vio que muchos turistas tienen romances con los lugareños y juró que nunca llegaría a ser uno de ellos.



5. No mucho tiempo después, Louise comenzó a salir con un keniano y tuvo un hijo. Los tres se trasladaron a Francia, pero Louise se divorció del hombre después de que ella lo sorprendiera en una infidelidad. Ella regresó a Kenia para que su hijo Joshua pudiera conectar con sus raíces.



6. Muy a menudo, las mujeres comienzan “saliendo” con hombres de Kenia porque se sienten solas. Los hombres por lo general entran en el juego porque viven en una pobreza horrible. El relacionarse con las mujeres occidentales les puede garantizar a los hombres una cama cómoda en un hotel, así como las comidas y regalos.



7. La mayoría de las mujeres son de Alemania, Suiza, Europa del Este y Turquía. Las mujeres suelen ser mayores, ricas y con sobrepeso.


8. En muchos casos, el dinero se maneja con discreción para que las mujeres puedan preservar la fantasía del romance. Otras veces, es mucho más explícito, las mujeres que pagan a los hombres directamente a cambio de sexo.




9. Klougart conoció una mujer que viaja desde Alemania dos veces al año, quedándonos tres semanas cada vez. Visita el mismo hombre cada vez que viene.



10. Cuando ella llega, le da al hombre el dinero suficiente para que él pague todo mientras que ella esté allí. Cuando se va le vuelve a dar dinero al hombre.



11. En muchos casos los kenianos que se prestan a este juego buscan salir de Kenia gracias a sus amantes occidentales.


12. Esto hace que las relaciones se desdibujen entre la realidad y la fantasía.


13. La mayor parte del tiempo las mujeres son conscientes de que son utilizadas, tanto el uno como el otro. Uno por asegurar cierta estabilidad económica y la otra parte en busca de cariño.




14. Muchas mujeres se ven atrapados en la fantasía y experimentan dolor, confusión y enojo cuando se dan cuenta de que sólo estaban siendo utilizadas.




15. Por ejemplo, una de las mujeres que Klougart conoció, con importantes activos en el sector hotelero en Europa, viaja a Kenia cada año para escapar de su vida. Su marido murió de cáncer hace 20 años y no quiere un nuevo padre para sus hijos, sólo algo de compañía cuando ella lo necesita.




16. Esta práctica no es exclusiva de Kenia, se da también en otros lugares del mundo, como en la zona del Caribe.

El artículo, a pesar de retratar lo que sucede en Kenia, finalmente es el fiel reflejo de lo que me contó mi amiga y retrata en parte, las cavilaciones que uno puede hacer al respecto. Sin embargo no deja de hacer ruido e hecho de que se plantee la prostitución como un espacio de conflicto para las mujeres y no parece suceder lo mismo con los hombres. Puede ser que el enfoque tenga que ver con un sesgo moral de género y que, incluso, yo misma esté siendo víctima de un constructo moral occidental en donde las mujeres tenemos roles muy definidos. No lo sé. Sin embargo, es algo que no deja de hacer ruido.

En Twitter: @AngelaBarrazaAngela Barraza RissoEl Ciudadano

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