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sábado, 9 de enero de 2016

Ganamos la batalla contra el pudor - El Semanario Sin Límites



Ganamos la batalla contra el pudor - El Semanario Sin Límites


¿Qué haríamos nosotros sin pudor?/Imagen: Tumblr


Miércoles 30 de diciembre de 2015
¿Ayuda a controlar nuestro instinto animal o es lo más primitivo que tiene el hombre? ¿Para qué sirve el pudor y por qué lo practicamos?

El pudor… eso que obligó a los artistas del Renacimiento a adornar sus desnudos con hojas, conchas de mar, ángeles sosteniendo telas o cualquier otra clase de artilugio que lograra compensar la desnudez natural del hombre. Esa sensación de vergüenza y terror que nos impide ir por la calle exhibiendo nuestro traje de Adán, lo que le recuerda a las señoritas que su falda esta demasiado corta, el brebaje omnipresente que te indica que existen normas sociales que debes seguir. Lo único que nos diferencia de las bestias.

¿Qué haríamos nosotros sin pudor? Probablemente la alta costura perdería relevancia y ninguna prenda sería más motivo de escándalo. Las personas retozarían libres por los campos sin pantalones o ataduras de ningún tipo y consumarían sus pulsiones sin el más mínimo reparo o reproche. No existirían los castigos divinos y tampoco te pondrían a rezar tres Aves María para compensar tu falta de moral; seríamos uno con nuestro deseo animal y la etiqueta o las reglas de Carreño serían parte de un pasado muy primitivo en la vida del ser humano.


Imagen: Tumblr

El pudor ha existido desde que los primeros habitantes del Paraíso mordieron la manzana de la sabiduría y fueron conscientes de su desnudez… o al menos eso cuenta la leyenda.

Lo cierto es que todas las civilizaciones han buscado, de alguna forma u otra, entender el cuerpo como es. Algunas se han enorgullecido de sus atributos y los han convertido en algo normal, por lo que un par de senos expuestos no son motivo de revuelo. Otras, por el contrario han encontrado al cuerpo natural como desagradable y perturbador, han decidido encarcelarlo entre ropajes y toda clase de protecciones para evitar incitar a propios y a extraños. Como el Libro del Corán especifica:

Y digan a todas las mujeres creyentes que deben mantener las miradas alejadas y sus partes privadas no deben ser adornadas o expuestas más que a sus esposos, padres, hijos, hermanos, suegros, cuñadas o cualquier otra persona que no mantenga un deseo físico por ellas.”

Y son muchas las culturas que invitan a hombres y a mujeres por igual a reservar su cuerpo para sí mismos. Después de todo, eso es lo que el pudor busca: un espacio de convivencia privado al cual sólo puede entrar el sujeto en cuestión y aquellos que desee invitar.

Cuando lo vemos de ésta forma, el pudor no resulta tan malo -e incluso se escucha medio romántico-. El pudor nada tiene que ver con la demostración de belleza, de hecho, la cultura judía incita a ambos sexos a cuidar de su aspecto al tiempo que se les pide que cubran aquellos atributos que solo deben de reservar para sus parejas.


Imagen: Tumblr

Al cubrir las partes de su cuerpo, el individuo manda un mensaje claro:

No estoy disponible. Puedes verme pero no estoy abierto al público. Incluso las partes más visibles de mi cuerpo no son para tus ojos.”

La ropa, las tintas en el cuerpo o la indumentaria que culturalmente se emplee para cubrir la desnudez, permiten a las personas sentirse orgullosas de la forma en la que se ven sin comprometer su privacidad. Crea una barrera psicológica, una distancia cognitiva entre nosotros y los extraños.

El pudor quizás tergiversó su ruta al momento en el que se estableció como indicador de todo lo promiscuo y puro; de lo bueno o lo malo. La mayoría de las sociedades han establecido su propio código moral en torno a él y así, lo que puede ser permitido para las tribus de África (que no sobresexualizan los senos de la mujer y piensan que pintar su cuerpo es suficiente para declararlo como cubierto), no es lo mismo que lo que se permite en Japón (donde en los tiempos de las Geishas habituaban a cubrirlo todo con ropa y maquillaje excepto por una pequeña parte detrás del cuello y encontraban sensualidad incluso en un antebrazo descubierto).

Nuestra era, más que ninguna otra, se enraíza en la eterna batalla entre: el pudor como código moral necesario en aras de evitar la hipersexualización de jóvenes y adultos, contra, el pudor como elemento fundamental de la represión patriarcal.

Lo cierto es que muchas cosas han cambiado y ahora mismo vemos a personas usando sandalias y mostrando libremente sus pies (existió un tiempo en la historia en el que ésto era considerado un acto sumamente impúdico), también vamos a la playa para encontrarnos con el bikini, nada nos asustan los escotes o el cabello suelto, libre y a la vista de todos. La segregación entre hombres y mujeres es prácticamente nula y podemos, en pleno siglo XXI, declararnos orgullosos vencedores en la guerra contra el pudor -aún sin tener pleno reconocimiento de lo que esa palabra significa- y lo mismo nos da ver un par de senos en aquel espectacular a plena calle o en el comercial de las ocho -¡pero Dios nos libre de ver a una mujer amamantando!-.




Imagen: Tumblr
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